Rozó la locura y se obligó a parar. Imaginación desbordante que asusta al que no hace uso de ella y tienta al arte y a la poesía. Su mundo se aleja y se acerca como el amor en su vida, y no le sirve la excusa de volar solo. Deshace los enredos de las sustancias con filosofía y no cree en las inquisidoras palabras que categorizan su existencia.
Huye de la condena y de los que quieren condenarle porque sabe que si vuelve no podrá ser el mismo y tendrá que conformarse con las absurdas leyes y conflictos, con la infelicidad y con el ruido.
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