La juventud suplica a gritos el cambio. Se venga de su impotencia luchando contra la propia existencia. No sabe a dónde va ni de dónde viene, ni tiene metas, ni mucho menos intenta alcanzarlas. El consumo y el desenfreno se encuentran en el camino del que no encuentra lo que busca ni sabe lo que está buscando. La sociedad te incita a que escapes porque no le eres útil si eres capaz de pensar y de encontrar algo más allá de lo que ella dictamina.
La juventud está enferma, enferma del virus de "no quiero ser como soy" y de perderse entre tantos. El antídoto, como no, está ligado al consumo. Antídoto temporal que no cura si no que enferma y te hace sentir especial aunque te convierta en un@ más entre toda la gente.
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