domingo, 29 de abril de 2012

Ni colorín, ni colorado

Miro la llúvia a través de la ventana y una sensación de profunda tristeza invade todo mi ser. A apenas catorce kilometros de la puerta del Sol, 200 niñas se están mojando en sus chabolas plagadas de ratas. Van descalzas y sucias. Tienen frío. Nada de esto les quita las ganas de amar, jugar y crecer.
Sus sonrisas transmiten la alegría a quien comparte la inocencia de sus juegos. Sus ojos son la ventana de una infancia que acabará demasiado pronto.
No hay mejor regalo que pasar con ellas tus días, dejar que te enseñen su pequeño mundo y animarles a que descubran el tuyo.
Cuando vas al Gallinero tienes la sensación de saltar al tercer mundo en un paso. En España, la desigualdad se nota.
Yo les acompaño en sus vidas, ellas me enseñan a compartir y respetar.
No tienen dinero pero les sobra vida.



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